En el panorama político español de 2025, marcado por una serie de escándalos que han sacudido al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y al Gobierno liderado por Pedro Sánchez, una voz se ha elevado con particular vehemencia: la de Esperanza Aguirre, ex presidenta de la Comunidad de Madrid y figura emblemática del Partido Popular (PP). Aguirre, conocida por su estilo directo y sin filtros, ha lanzado duras acusaciones contra Sánchez y su entorno, enfocándose en los casos de corrupción que, según ella, han convertido al PSOE en un partido sumido en la podredumbre ética. Sus declaraciones, pronunciadas en podcasts, artículos de opinión y entrevistas, pintan un cuadro sombrío de un liderazgo que prioriza el poder sobre la integridad.

Uno de los puntos centrales de las críticas de Aguirre es el caso Koldo, que involucra a ex altos cargos del PSOE en presuntas irregularidades en la compra de mascarillas durante la pandemia. En una reciente intervención en un podcast, Aguirre no escatimó palabras al referirse a la respuesta de Sánchez ante el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) sobre Santos Cerdán, secretario de Organización del PSOE. «Lo peor es que Sánchez se refiera al PSOE como un partido ‘limpio'», afirmó Aguirre, agregando que Sánchez es «el tío más tramposo y más mentiroso que ha habido jamás en el gobierno de España». Para ella, esta negación de la evidencia no solo es hipócrita, sino que revela una desconexión total con la realidad, donde el presidente del Gobierno opta por defender a ultranza a sus colaboradores en lugar de depurar responsabilidades.

Aguirre ha comparado repetidamente la situación de Sánchez con la de otros líderes socialistas europeos, como el portugués António Costa, quien dimitió en 2023 ante sospechas de corrupción en proyectos energéticos. En un artículo titulado «Su debilidad es su fuerza», Aguirre escribió: «En cualquier país democrático un primer ministro que estuviera en la situación de Sánchez hace ya mucho tiempo que habría dimitido». Destacó que Costa, pese a defender su inocencia, renunció para preservar la dignidad de las instituciones, algo que Sánchez, según ella, ignora por completo. «Sánchez no dimite, por el contrario, se aferra al cargo con el increíble argumento de que tener de números dos a dos presuntos delincuentes es una simple anécdota», recalcó, aludiendo a los casos de José Luis Ábalos y el propio Cerdán, ambos implicados en tramas que incluyen pagos irregulares y enriquecimientos sospechosos.

La ex lideresa madrileña también ha arremetido contra lo que percibe como una corrupción sistémica en el PSOE, extendiéndose al entorno familiar de Sánchez. En referencia al caso de Begoña Gómez, esposa del presidente, investigada por presunto tráfico de influencias, y al del hermano de Sánchez, David Sánchez, imputado en un escándalo relacionado con contratos públicos en Extremadura, Aguirre ha sido tajante. En otro artículo, «Extremadura es el principio», declaró: «Me escandaliza que todavía haya habido 136.000 extremeños que se han atrevido a votar a un partido que gobierna para la coalición Otegi-Puigdemont, que privilegia a Cataluña, contra el resto de comunidades españolas, que está hasta las orejas de casos de corrupción y que es un nido de hipócritas y falsos feministas». Para Aguirre, la designación de candidatos implicados en investigaciones judiciales, como el hermano de Sánchez, es un «disparate» que evidencia la priorización de la lealtad personal sobre el bien común.

En entrevistas radiofónicas, Aguirre ha reivindicado su propio historial como ejemplo de responsabilidad política. Recordando su dimisión en 2017 ante los escándalos de corrupción en el PP madrileño, como el caso Lezo que involucró a su ex vicepresidente Ignacio González, afirmó: «Yo el ‘in vigilando’ lo cumplí». Contrastó esto con el comportamiento de Sánchez, quien, a su juicio, no solo tolera la corrupción en su partido, sino que la encubre activamente. «Dimitió cuando su exvicepresidente Ignacio González fue enviado a prisión provisional sin fianza», explicó, subrayando que los políticos no deben «lloriquear» sino actuar con decencia. En este sentido, ha instado al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, a presentar una moción de censura contra Sánchez, con el compromiso de convocar elecciones inmediatamente, argumentando que es la única vía para desalojar a un Gobierno «enrocado en una legislatura zombi».

Más allá de los casos específicos, Aguirre ha ampliado su crítica al marco general del Gobierno de Sánchez, acusándolo de aliarse con fuerzas que, según ella, dañan a España. En una presentación de libro en mayo de 2025, espetó: «Pedro Sánchez gobierna con comunistas y con Bildu, y quiere convertir el país en una Venezuela en directo». Además, denunció las reformas judiciales como intentos de «controlar los tribunales mediante entrevistas políticas», lo que erosiona la democracia. Para Aguirre, esta acumulación de escándalos no es casual, sino el resultado de un liderazgo autoritario que prioriza el control sobre la transparencia.

Las declaraciones de Aguirre resuenan en un contexto de desánimo creciente en el PSOE, donde incluso voces internas como la del alcalde de León, José Antonio Diez, han calificado la situación de «insostenible» y exigido «cortar ya por lo sano». Aguirre ve en esto una oportunidad para que surjan rebeliones internas en el partido, recordando cómo Sánchez se hizo con la Secretaría General «sumergiéndose en un mar de corrupción». Su llamado a la acción es claro: la corrupción no debe ser una anécdota, sino el catalizador para un cambio profundo en la política española.

En resumen, Esperanza Aguirre se posiciona como una crítica implacable, utilizando su experiencia para desmontar lo que considera una farsa de limpieza en el PSOE. Sus palabras, cargadas de indignación, invitan a reflexionar sobre el costo de la impunidad en el poder, en un año donde los tribunales y la opinión pública han puesto bajo lupa al Gobierno de Sánchez.